Honorabilidad caída en desgracia.

enero 13, 2011 § Deja un comentario

En estos tiempos en los que el CIS reconoce que la honorabilidad es una cualidad ausente en la política es bueno en un guiño a los recuerdos echar la vista atrás para ver que no hace tanto que la política sí podía ser honorable, y lo era. Por desgracia hoy son las esquelas las que mejor nos lo recuerdan.

La muerte de la ministra María Jesús San Segundo y Gómez de Cadiñanos, que fuera ministra de Educación del primer gobierno de Zapatero, nos retrotrajo a la España en la  que este cadáver político que nos gobierna tuvo más dedos de frente. Eran tiempos pretéritos a las  Aídos, Pajines y demás ilusiones progres. Por pago tuvo su cese inmediato tras cumplir con el duro deber de sacar adelante una nueva LOE sin el apoyo del PP. Eran tiempos de cordones sanitarios y otras progresadas de malos políticos que no pegaban con personas de más altura como la fallecida ministra.

Pero en esta entrada con tanto de orbituario quiero reconocer de nuevo, pues me suena haberlo hecho con anterioridad, a la inigualable y eterna Loyola de Palacio. La Comisión Europea  ha recordado a su primera mujer vicepresidente con la presencia de sus compañeros y también de otros como Joaquín Almunia, otro político al que los años le han mejorado la casta y le han apartado del entierro político que se nos acerca.

Sacar del baúl de la memoria a alguien como Loyola es un peligro en estos días en que la política parece envuelta en una manta de intereses económicos. Amortajada y alejada en todo momento de una auténtica vocación y rodeada y asaltada por mediocres sin oficio ni beneficio que se pelean por un puesto tal en una lista de tal otro lugar, o el mismo. Se confunden fines con recompensas meritorias y se caen en inmerecidos logros venidos siempre de favores  demasiado personales. De familias frente a equipos, de decisiones unilaterales frente a proyectos, de personas frente a partidos y de presente y cortos plazos  frente a futuro. Loyola era un ejemplo de lo que ya poco queda, y de lo que me duele pensar que va camino de desaparecer.

Me quedo con estas imágenes que me traen al recuerdo lo que siempre valió la pena de la política, y de lo que me gustaría algún día encontrar al abrir un periódico, y que no sea en una sección de necrológicas.

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